Otra noche, otro insomnio. Válgame Buda, ¿es que acaso tengo que ponerme a pensar justo ahora? Mañana debo levantarme temprano, cumplir mis deberes de institutano, lavarme muy bien antes de comer las dos manos y hacer que todo ese tiempo y energías gastados no sean en vano. Pero, ¿qué queda para mi? ¿Debería buscar una compañera? Una de verdad, no una Made In China. Compañera, amiga, amante, confidente, madre, hija, compañera. La conozco o no la conozco. Será la correcta o no será la correcta. Sentirá lo mismo o no sentirá lo mismo. Puedo hacer que cambie de opinión si me esfuerzo, mas es probable que todo sea inútil al final. Ay Krishna, ayúdame y ten piedad de mi. De mi mente. De mi alma. Y de mi corazón. Y convence a Morfeo para que provoque sueño en mi cuerpo. Haz que olvide todo esto a pesar de que la necesito con la vida. Ella no. Pero yo sí. Y no puedo evitarlo. Qué tan difícil puede ser. La necesito, la añoro, la sueño, la odio, la amo y la vuelvo odiar para amarla en 37 segundos más tarde... insisto, de manera inútil. ¿Con qué fin? Con el fin de darle fin a algo que no ha comenzado. Lucho una batalla que no puedo ganar. Un dibujo que no puedo terminar. Una canción que no puedo tocar. Un amor que no puedo conquistar. Mover montañas, secar mares, calmar tormentas. Y el infierno dispuesto a cruzar si lo dicta el deber. Porque es mi ideal. Es la misión de todo caballero. He enfrentado mucho más que molinos gigantes, murciélagos vampiros, verdugos y frutagos, vientos despiadados e infernales desiertos. Sólo para subir al cuarto más alto de la torre más alta y encontrar una nota con olor a menta y cigarrillos que afirma: "THANK YOU, BUT YOUR PRINCESS IS IN ANOTHER CASTLE."
Y matar al pobre dragón no sirvió de nada. Basta de juegos. Basta de libros. Basta de películas. Basta de pensar. Pero imposible de sentir. Frustración. Impotrencia, tristreza, rechrazo. Cada vez que caía, me levantaba con más fuerza que nunca y con menos ganas de rendirme. Dispuesto a la lucha y a otros 7 mundos, hasta encontrar el castillo correcto. Aunque la princesa no esté en ninguno de ellos, tal vez no habré buscado lo suficiente a la que me vea como su compañero. Amigo. Amante. Confidente. Padre. Hijo. Compañero.
Pero luego de escribir líneas y líneas cargadas cual electrón, Morfeo parece haber recibido el telegrama de Krishna.
Os amo, os odio y os respeto, mi dama.
Son las rudas mas honestas palabras de vuestro humilde y fiel servidor.
Ha llegado mi hora de morir en silencio, como en muchas otros pasajes de éste libro que escribo con vuestra merced, a pesar de la ausencia suya.
Buenas noches.
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