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martes, 28 de octubre de 2014

Algo

¿Sabes algo, mujer? Siempre he encontrado algo en ti. Es un no sé qué. Son muchos no sé qué. Siempre he encontrado algo en ti. No sé desde hace cuánto, qué tan grande es, de dónde salió, pero siempre ha habido algo, desde que te vi por primera vez una tarde que acordamos vernos frente a una farmacia de tonos verdes. Fumabas tímidamente un cigarro, llevabas abrigo y me saludaste de manera temerosa. Los silencios incómodos nos inundaban. Fue gracioso. Ahora, eres mi compañera, confidente, amante, amiga, hermana, madre, hija, consejera, paciente, psicóloga, guía espiritual, alumna y maestra. 
Pero sobre todo, mi compañera.

Debe ser por algo. 

Ha pasado mucho tiempo, mujer. Pero más me importa el tiempo que nos queda por pasar. Altos, bajos, muy bajos, abisales y espaciales han sido los momentos. Sin embargo, algo debe mantenernos juntos de manera magnética. En sincronía, en armonía. Cada momento contigo es una canción de esas que te gustan. De esas que nos gustan De esas que duran media hora, que parecen eternas, pero que cuando se terminan, quieres más de lo mismo. Que la canción siga. Y me gustaría una discografía contigo.

Pintas hermoso, mujer. Logras crear emociones con una pincelada de tus labios en mis mejillas, o un trazo de tu mirada puede cambiar completamente mi sentir. No sé cómo lo haces, debe ser por algo.

Algo que tardó en llegar, algo que nos separó pero que luego nos unió aún más, que siempre nos ha mantenido juntos. A través de los meses, de los dibujos, de las canciones, de los parques, las habitaciones, los balcones, los patios, las plazas, los vagones, las calles, las galletas, las tazas de té, los abrazos, los llantos, las discusiones, las reconciliaciones, las promesas... a través de todo, juntos.

Debe ser por algo.

Miramos juntos hacia el anhelado futuro, mujer. Soñamos como dos niños con aventuras y descubrimientos. Como dos adultos proyectamos nuestras vidas. Una casa, dos tazas, dos cucharas, un taller. De sólo pensarlo siento esas dichosas mariposas de niño enamorado. 

Haces que me conozca, que me reconcilie, que me encuentre conmigo. Pero al encontrarme contigo, mujer. En un beso, en un abrazo, en tu respiración, en tu presencia. Me haces reír, me haces cantar, me haces bailar, me haces volar, me haces nadar, me haces correr y me haces gatear. Me haces soñar, me haces dormir, me haces despertar, me haces dibujar, me haces gritar, me haces feliz. El hombre más feliz de toda el área limítrofe. De todos los mundos. Sacas lo mejor y peor de mi, y lo moldeas en una esferita junto contigo. 

Eres mágica, mujer. Resuenas en mi y la sincronía llega a ser enorme. Eres increíble, impresionante, maravillosa, interesante. Me haces vibrar contigo. Sentirte, conocer sin conocer. Hablamos sin hablar, decimos sin decir. Todo en un gesto, movimientos. Y no sabemos quién es quién y donde termina cada uno. 


Debe ser por algo.



Te amo.



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